08 enero 2006

4.Acaso haría falta una pequeña dosis de corporativismo en la profesión de graduado social




Puesta de Sol en Vigo
Samil





Los romanos utilizaban el término col-legium en el sentido de agrupación; el verbo corporare tenía el significado de tomar un cuerpo, formarse; usaban el término corporatus para referirse al miembro de una corporación o colegio; el adjetivo corporativus hacía referencia a que da cuerpo o hace por el cuerpo.

Así es corporación, la formación de un cuerpo; corporativo, todo aquello que tiene que ver con la corporación; la desinencia ismo, lo que tiene que ver con las doctrinas, tendencias y sistemas; dando lugar en definitiva al corporativismo, espíritu de cuerpo.

En la Edad Media, el movimiento corporativo vino a acabar con el poder feudal. Los oficios agrupados en gremios, supusieron un duro golpe para el poder vertical y jerarquizado de la estructura feudal. Pero las propias corporaciones cayeron en lo mismo que habían combatido, si bien más estratificado, el poder ahora está en manos de unos cuantos o, de los mismos señores poderosos descabalgados que han tomado el timón de las propias corporaciones. Del mismo modo ocurrió con los estamentos corporativos de la nobleza desplazada en su momento por las gentes de letras, en el siglo XVI, por letrado se entendía cualquier graduado de la universidad, que había alcanzado el título académico de bachiller, licenciado o doctor, si bien hasta incluso nuestros días el término letrado se confiere a quienes han estudiados ciencias jurídicas. El motivo de considerar como letrado a los togados, se debió a que la carrera más concurrida era entonces la de Derecho. Los caballeros fueron paulatinamente desplazados por los letrados, hasta el punto de que en la administración, en los consejos y en los puestos de mando se requería tal condición, llegando los togados a ser los favorecidos en el antagonismo frente a los caballeros; si bien como siempre, aquellos recuperan su hidalguía pues no era bien considerado ser gobernado por hombres de mucha ciencia y poca nobleza, pero había calado muy fuerte aquello de que “las letras ennoblecen e incluso son la verdadera nobleza”por tanto si las letras eran consideradas nobles, poco a poco se produjo el efecto inverso y fueron los nobles de sangre y caballeros los que accedieron a la universidad monopolizando los colegios mayores y haciéndose con la doble condición de nobles y togados.

En otro orden, los comerciantes como corporación, llegaron a impedir al gremio de artesanos la venta directa de sus propios productos, creándose así monopolios corporativos. Finalmente se estableció una clase a modo de patriciado y un nuevo despotismo en ocasiones, peor que el feudal dominante antaño.

Fríamente el corporativismo en la actualidad, es rechazado por la sociedad que lo detecta fácilmente y lo considera insolidario. Si bien desde la perspectiva profesional la falta de una pequeña dosis corporativa, pudiera traer consigo la desaparición de la profesión misma.

Férreamente, corporativismo significa el impedir por todos los medios que sea tocado ni uno solo de los miembros de la corporación, reacción del cuerpo cuando es atacado uno de los suyos. Debemos ver a nuestro lado para darnos cuenta de que también otros están siendo fruto del intrusismo y del desplazamiento propio de la evolución histórica; quejarse sin hacer nada y mirar para otro lado no salvará la profesión.

El sindicato vertical franquista, disponía de un sistema gremial, que autorizaba a los individuos según su cualificación profesional para el ejercicio de una actividad, emitiendo una certificación al efecto.

Nuestros estudios tardaron en recibir el reconocimiento universitario y a pesar de los esfuerzos y el trabajo bien hecho, la profesión todavía tiene cuestiones de importancia por resolver, al tiempo que ve como la evolución le puede mermar cometidos, más que por intrusismo (que solo quieren ver los muy cortos de vista), más decía, por estancarnos en los despachos realizando funciones burocráticas que van siendo desplazadas por las nuevas tecnologías y que acaban en manos de cualquier ciudadano, sin necesidad de un profesional que les ayude en su tratamiento o gestión. Ese descabalgamiento no tiene vuelta.

Entre otros muchos, los periodistas ven como “la red” permite que ejerza su misma profesión libremente, todo ciudadano que tenga por gusto escribir, informar e interpretar noticias y acontecimientos y ello, sin necesidad de obtener su titulo universitario. Es la tecnología y las comunicaciones la que hace que estos profesionales se hayan planteado la colegiación y deban optar por una puesta al día permanente y que, en todo caso, saquen partido en su favor en base a su condición profesional de informadores, dando un alcance positivo a la proliferación de blogs y webs privadas de información general o especializada, realizada por no profesionales periodistas.

Joseph Pulitzer[1] decía en 1904, en EE.UU. que antes de terminar el siglo XX, las escuelas de periodismo serían aceptadas como instituciones de la enseñanza superior, en igualdad con las facultades de Medicina o Derecho. En España, la primera Escuela Oficial de Periodismo se fundó en 1941 y se convirtió en facultad en 1975.

Nuestra primera Escuela Social data de 1925 y nuestro título alcanza el grado universitario en 1980. La tecnología y las comunicaciones, también a nosotros deben hacernos reflexionar sobre las actitudes a adoptar para que la profesión siga en alza y saque partido a la proliferación de intrusos o, ante la posibilidad de actuación directa de los ciudadanos en la gestión básica de sus asuntos.

Nuestra profesión ha de pasar necesariamente por la inyección de una pequeña dosis de corporativismo, hasta el punto de que las distintas facetas en las que los titulados desempeñan su actividad profesional, deben ser conocidas por los otros y recomendadas a sus respectivos clientes mutuamente para crear una correa de transmisión permanente, el graduado social laboralista deberá recomendar a su clientela un graduado asesor de empresa o, graduado asesor fiscal o, graduado social ergonomista o, consultor inmobiliario etcétera y viceversa. Al mismo tiempo el colegio deberá fomentar aquellos medios de ayuda y consulta que los colegiados puedan disponer en la sede social; la profesión debe realizar alguna función social dirigida a la ciudadanía para que no sea vista como un grupo de profesionales solo pendientes de su caudal económico bajo el símbolo de la Justicia Social. El graduado social deberá hacer constar tal condición siempre.

Frente a la posibilidad de la gestión directa de sus asuntos por los ciudadanos, o ante el intrusismo en materias de corte elemental, la corporación de los graduados sociales deberá reaccionar en positivo, haciéndose indispensable a tal proliferación, ocupando el lugar especializado al que no pueden llegar, pero habrá de ser corporativamente porque individualmente, nos lleva a enseñarles a la competencia el camino de nuestra propia desaparición, que a fin de cuentas es lo que hemos hecho hasta la fecha. Son muchas las profesiones que han adoptado cometidos que nos eran propios y no hay otro culpable que nosotros mismos por haber presenciado pasivamente los acontecimientos, por vivir inmersos en un complejo de inferioridad inexistente, quizá propiciada por quienes eran conscientes de la amplitud y futuro del contenido de nuestra titulación académica (léase la Seguridad e Higiene en el Trabajo, léase la dirección de personal, etc.). Estamos a tiempo pero no debemos perderlo, la marcha de los acontecimientos podría arrastrarnos.

Acaso haría falta una pequeña dosis de corporativismo en la profesión de graduado social.

Salvo mejor parecer

Baldo


[1] Joseph Pulitzer (1847 1911) Periodista, se nacionalizó en EEUU; llegó a comprar varios periódicos locales, creando una cadena editorial. A su muerte hizo una importante donación a la Universidad de Columbia para crear la Escuela de Periodismo, institución que creó los premios Pulitzer.

No hay comentarios: