20 mayo 2011

El poder de decidir


Las manifestaciones de miles de ciudadanos, pacíficas, son la expresión, en libertad, del descontento y de la indignación que sienten por la actual situación de crisis económica y social que se está viviendo en nuestro país.

Por eso es importante que con la misma libertad se ejerza el derecho al voto, que se manifieste su crítica a los gobernantes en las urnas, a través del sufragio activo, que también es participar y tomar decisiones de a quienes queremos sean nuestros representantes.


Tenemos la opción de elegir, de ser representantes o, de escoger, mediante nuestro voto, a quienes mejor nos merezcan nuestra confianza, a quienes nos ilusionen con sus programas, a quienes nos escuchen y para quienes seamos importantes los ciudadanos, porque hay que creer en las personas y en sus principios, porque no todos son iguales, y porque, siempre, a través de nuestro voto, de muchos votos, es posible que también se manifieste nuestro inconformismo y hacer que las cosas cambien.

Somos nosotros, los ciudadanos, los que también, votando, decidimos. Es otra expresión más de nuestra libertad, de nuestros derechos, igual que a manifestarnos y a reivindicar más justicia, más trabajo. No podemos olvidar que, en España, durante muchos años, no tuvimos esos derechos, donde opinar y manifestar libremente nuestra disconformidad con la sociedad civil, económica y política de entonces, estaba penado muchas veces con cárcel. Por eso una sociedad que está viva debe reaccionar, es bueno que la gente opine, en la calle, pacíficamente en libertad y también ejerciendo su derecho en las urnas, para cambiar las cosas cuando no gustan.


Son los representantes del pueblo, los que tienen que escuchar a los ciudadanos, en todos los foros, y ponerse a trabajar para ese pueblo, para sus necesidades. Sin el pueblo, sin los ciudadanos, jóvenes, mujeres, hombres, los que nos representan no estarían avalados, por eso decidimos cada cuatro años en nuestras ciudades a quienes queremos, y a quienes, cada cuatro años examinamos qué trabajo han hecho y, con nuestro voto, también decidimos si queremos que continúen o, si ya no merecen nuestra confianza.

Y porque, ni podemos, ni debemos renunciar a un derecho, el derecho al voto, por el que nuestros abuelos lucharon, por el que muchos hombres y mujeres dieron hasta sus vidas, y que ahora es nuestro regalo, el regalo del derecho a opinar en libertad, el derecho a ser escuchados, y el derecho a decidir en sociedad. Ejerzamos pues también, en libertad, nuestro derecho, yendo a votar el próximo domingo 22 de Mayo, decidamos nuestro futuro, el de nuestra ciudad y el de nuestros gobernantes.
 

Por Dolores Sánchez Monclova