28 marzo 2010

En Vigo, se coreó la sana ambición, de una sanidad de todos y para todos

El 25 de Marzo, alrededor de 50.000 personas hemos reivindicado, que la Sanidad continúe siendo garantía pública, universal y de calidad.

Vigo, ha vivido una jornada emotiva y efervescente en la movilización de miles de ciudadanos que han recorrido sus calles, desde el punto de encuentro en la calle Vía Norte, hasta la calle Concepción Arenal ante la misma sede de la Xunta de Galicia.

La respuesta a la convocatoria de la Plataforma por la Defensa de la Sanidad Pública de Vigo, ha recogido sus frutos. Vigo hace frente al afán privatizador. Se escucharon voces en contra de la actuación de los actuales responsables, Gerente, Conselleira, incluso contra el propio Presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoó, que está demostrando su afán privatizador en todos los pilares básicos que afectan a los ciudadanos y a las economías más humildes.

Así lo viene demostrando tanto en educación, vivienda y ahora, le ha tocado el turno a sanidad, precarizando los servicios para justificar que tenga que intervenir la inversión privada.

En tiempos de crisis, los ajustes presupuestarios y el recorte de las inversiones públicas no pueden recaer sobre las rentas más bajas, ni sobre aquellos ciudadanos-usuarios de servicios públicos que representan, como en el caso de la sanidad, para la mayoría, una garantía incluso frente al desempleo, de que tendrán cobertura digna ante las enfermedades, contingencias de emergencia, operaciones, tratamientos, incluso de enfermedades crónicas y de alto riesgo.

Todos, mecanismos de protección, que han evolucionado, ampliándose precisamente como consecuencia de políticas proteccionistas iniciadas en el año 1883 hasta llegar a hoy. Con la llegada de la democracia a nuestro país, refrendada la Constitución Española de 1978, se reconocen en el Capítulo Tercero especificamente los principios rectores de la política social y económica: Protección a la salud por parte de los poderes públicos, organizar y tutelar la salud pública, medidas preventivas, prestaciones y servicios, régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, garantía de la asistencia sanitaria y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres. La regulación general de estos preceptos, viene desarrollada en la Ley General de Sanidad de 1986.

Transferidas conforme a la ley, las competencias en materia de sanidad a las Comunidades Autónomas, creado el Servicio Gallego de Salud - SERGAS-, éstas, han de respetar el espíritu proteccionista y la fuente original que ha sido la base y el principio rector de la política social, del Capítulo Tercero de la Constitución.

En este sentido decir, que se nos ha transmitido a los ciudadanos de a pie, el sentimiento y temor de que se debilitan las garantías públicas al ir extendiendo el radio de acción privatizador a un ámbito tan principal como es la salud.

La decisión, por parte de la Xunta de la construcción por parte de empresas privadas, con el financiamiento y gestión externa de los servicios, no sanitarios, del nuevo Hospital de Vigo, conocido como PFI (Iniciativa de Financiamiento Privado), provoca en principio el debilitamiento del sistema público, significa que se va a hipotecar la sanidad pública de presente y de futuro, para las siguientes generaciones. Se reducen recursos, servicios y camas. Se mantiene a Povisa como hospital de área, pero se elimina el módulo de investigación, y además se reducen a la mitad las camas de Oncología.

Así mismo, hay que tener en cuenta que se pierde el carácter único de todo el personal que compone la atención y asistencia al paciente, y matiza la disgregación, porque tanto el personal sanitario, - médicos, enfermeros, auxiliares, celadores-, como el de administración y servicios, conforman un todo interrelacionado en el buen funcionamiento y la calidad de todo el servicio hospitalario en relación con los ciudadanos y su atención sanitaria.

Lejos de retroceder en el afán privatizador y de externalización, se está incentivando.

El mercantilizar y rentabilizar los servicios sanitarios, en función de beneficios económicos supone por una parte, pérdida de protección integral del sistema público, y de otra, precarizar las condiciones laborales de los trabajadores que desempeñen esas tareas, rebajar el personal a los mínimos, lo que repercute en la calidad del servicio, en el estrés de los horarios rotativos irregulares, y en el recorte de salarios en contrapartida al mayor beneficio empresarial.

En definitiva, supone pérdidas para los ciudadanos y para el personal y, ganancias dinerarias ventajosas para el inversor privado, la salud pasa a ser un producto-mercancía, un negocio.

Es importante que, como ha sucedido el jueves día 25, ciudadanos, asociaciones, politicos locales, usuarios, sindicatos de Vigo y comarca, hayamos dado nuestro apoyo a la Plataforma por la Defensa de la Sanidad Pública, que es extensible a toda la comunidad gallega y nacional, como personas comprometidas en la defensa de la utilidad de los servicios públicos, de su calidad y garantía.

Porque, creemos que la salud es un bien que preconiza el estado de bienestar de un país, y hemos sido los abanderados, muy por delante de otros países incluso con mayor nivel de vida y riqueza en recursos. Prueba de ello es que Obama, Presidente de los Estados Unidos de América, acaba de conseguir sacar adelante, con dificultades, y recortes, su proyecto de ley de sanidad, porque los seguros médicos privados tenían mucho interés en que no lo consiguiera y la oposición política también. Esto va a suponer, menos de lo que él quería, que 32.000.000 de americanos van a disponer de algún tipo de seguro y se les dará ayudas a personas y familias que carezcan de recursos propios. Esto es un logro para la democracia americana.

No podemos ni debemos conformarnos, ni perder derechos básicos consolidados, hemos de exigir a nuestros gobernantes que se mantengan las garantías públicas en todas aquellas cuestiones que afectan y benefician la calidad de vida y el progreso del mayor número de ciudadanos, como son la educación, el trabajo, y la sanidad. Con ello no quiero decir que no se controle los presupuestos y los excesos, y se promueve la responsabilidad en la utilización de los servicios, pero está claro que, habrá de hacerse con el fin de que ese ahorro repercuta en que, el servicio público pueda llegar a más personas, es una ambición sana, que no busca el beneficio, sino que garantiza el mantenimiento del sistema, su extensión y su durabilidad.

En pos de una sanidad pública, universal y de calidad.

Por Dolores Sánchez Monclova

25 marzo 2010

Vigo, cooperante y solidario

Ayer asistí como miembro del Consello de Cooperación y Solidaridad Internacional municipal, a una reunión que me ha parecido muy interesante. Con pocos medios humanos y mucha determinación, estas asociaciones y ONGs trabajan con ilusión a pesar de que las ayudas nunca son lo suficientemente generosas para cubrir la infinidad de necesidades que a ellos les gustaría, que serían por supuesto todas las que existen. Hombres y mujeres, jóvenes la mayoría que con ilusión, constancia y trabajo hacen que tengamos que apoyarlos y valoremos la labor de presente y de futuro que tienen por delante.

Pero dependen de presupuestos y los que hay son limitados porque es cierto que las necesidades siempre son más y de muchos, que  los medios materiales de los que disponen los ayuntamientos no son enormes, que han de distribuírse lo más razonable posible en función de las necesidades de la comunidad y de los ciudadanos que la componen.

Aun así es importante que, desde la Administración local viguesa se pone el granito de arena para que se puedan desarrollar proyectos de ayuda tanto para estas organizaciones, como para paliar en la medida de lo posible tragedias extraordinarias, como ha sido la de Haití, con una ayuda humanitaria que supone un esfuerzo encomiable y que se une a todas las ayudas  de Gobiernos nacionales y de Organizaciones No Gubernamentales.

Es un deseo de todos, administrados y administradores, el poder colaborar en mayor medida, pero lo más importante es responder puntualmente cuando surgen situaciones de emergencia, extraordinarias e imprevisibles, aunando esfuerzos con el resto de la colectividad internacional. Para todas las demás circunstancias, que también requieren nuestra atención, ha de estar el trabajo diario y el compromiso de todos, ciudadanos y organizaciones cooperantes.

Las diferentes Asociaciones de cooperación solidaria y ONGs de la ciudad de Vigo, deberían hacer un esfuerzo común por un proyecto que promocione la sensibilidad ciudadana por las causas solidarias.

Es bien cierto que " la unión hace la fuerza " y esa unión puede potenciar lo que, individualmente, es más díficil de lograr, que es la movilización, la concienciación de los problemas, dificultades, limitaciones de otras personas en condiciones discriminatorias, precarias, de pobreza, de misería, de enfermedad, etcétera. En países, donde las medios de vida o subsistencia son precarios o inexistentes.

No quiere decir que con ello se pìerda el sentido para el que han sido creadas, individualmente, cada ONG, al contrario cada cual mantiene intacta su naturaleza y su fin.

Pero en las actuales circunstancias, tanto de falta de manifestaciones ciudadanas, de voces que se expresen con clamor por las causas sociales, que las reclamen y las defiendan, y, dado que,  las condiciones de cientos de millones de personas han sufrido un grave empeoramiento por la crisis, creo que sería un buen momento en nuestra ciudad, Vigo, para, desde una unión de fuerzas, estimular algo que está adormecido en el sentir del ciudadano, distraído por el relativo bienestar en el que se desenvuelve  en esta sociedad del desarrollo, y a pesar de que la crisis está afectando a muchas familias.

Pero está demostrado que las campañas cuando conectan  con esa parte generosa y humana que todos tenemos, son capaces de que se muevan montañas, sólo hay que saber tocar esa fibra con la melodía adecuada.

El Fondo está claro, para todas las ONGs se llama solidaridad, compromiso con las causas, no sólo para que mejoren , hay que paliarlas, crear las condiciones estables y duraderas de cambio. Erradicando la raíz  de los problemas y cambiando a mejor, a normalidad, los ambientes y las estructuras. Haciéndolas sostenibles y sin afectar al hábitat natural, abriendo caminos.

Y para ello hace falta encontrar las formas, los medios humanos y económicos adecuados.

Es posible, si sabemos comunicar el mensaje, que el ciudadano lo entienda, se implique, llegando a compromisos en la medida de sus posibilidades.

Y, por otra parte con el compromiso del resto de la sociedad, tanto de entidades, ayuntamientos, centros culturales, institutos económicos, gobiernos, y, todos aquellos organismos relevantes, que con mayor esfuerzo y responsabilidad en el ámbito social y económico, tienen la posibilidad, certera, de influir positivamente tanto en la sensibilización como en los proyectos.

No se trata de dar lo que nos sobra, tenemos que participar, aportar ideas, colaborar compartiendo tiempo y esfuerzo si es posible, arrimando el hombro. El ciudadano en su ámbito de cercanía, cooperando con aquellas asociaciones, en las que, con diferentes medios, posibilitan la participación en sus proyectos.

En una sociedad, como es la nuestra, donde el individualismo ha ido creciendo en detrimento de lo social, del bien común, hay que recuperar la ilusión, el trabajo cooperativo, la lucha por la justicia. Y ser la voz de los sin voz.

Y, creo que nuestros jóvenes, tienen una labor por delante muy digna, tenemos jóvenes que se implican, que con su motivación y esfuerzo hacen que las cosas cambien, para mejor. Que son la voz de los abandonados, sin esperanzas. Nuestros jóvenes son su voz, sus manos y sus corazones.

Porque merece la pena, un mundo más solidario.

Por Dolores Sánchez Monclova

17 marzo 2010

Area metropolitana de Vigo, fortaleza de Galicia

Ha pasado el tiempo, y el compromiso por parte del actual Presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoó, de hace casi un año, de impulsar y crear el Area Metropolitana de Vigo y continuar con la de La Coruña, como parte de su programa de gobierno, tiene visos de ir aparcándose como si de un tema menor se tratase.

La Mancomunidad de Vigo es una institución todavía incipiente pero las relaciones históricas entre sus municipios vienen de antaño. La lucha por la independencia, tras la invasión de Napoleón de sus tierras, fue un momento histórico que unió a las gentes de estos pueblos por un interés común.

Vigo comenzó a despuntar a partir de finales del siglo XIX increscendo hasta finales del XX. Pero este crecimiento no mermó ni minimizó el de los municipios vecinos sino que propició el desarrollo de sus recursos.

En la actualidad 12 son los municipios que conforman la Mancomunidad de Vigo:  Vigo, Redondela, Porriño, Mos, Baiona, Nigrán, Gondomar, Fornelos de Montes, Salceda de Caselas, Pazos de Borbén, Soutomaior, y Salvaterra de Miño, un total de 675, 9 Km2.

La Xunta de Galicia ha decidido que se amplíe a 14 municipios, los que están ahora más Cangas y Moaña.

En aras de la modernización tecnológica y de comunicaciones es importante extender las redes electrónicas a las administraciones de los municipios y poner en marcha el operativo para que éstos asuman las competencias públicas que ahora mismo detentan otras administraciones, con el objeto de crear y armonizar el funcionamiento práctico, rápido y eficaz de un sistema único de Administración electrónica, que de un servicio público de calidad.

Otro servicio que se daría, sería el gestionar conjuntamente el transporte público metropolitano, recogida y tratamiento de basuras, el suministro del agua y el favorecer y estimular el empleo.

En función de la eficacia del sistema, del interés público y de los ayuntamientos de otros pueblos circundantes sería interesante ampliar las conexiones y servicios entre áreas más distantes o no limítrofes al Area Metropolitana de Vigo.

La Mancomunidad de Vigo representa el 2% de la superficie de Galicia pero aglutina el 25% de su población y de su industria sale más del 70% de las exportaciones gallegas.

El coste y mantenimiento del Area Metropolitana no debería ser soportado, no en su mayor parte, por los concellos que formasen parte de ella, sino que deberían ser parte importante de esa financiación,  las Administraciones, que delegasen sus competencias a los municipios del territorio metropolitano.

Por todo ello, es importante que nuestros gobernantes, tanto desde la Xunta, como desde el Concello de Vigo y demás municipios vinculados trabajen conjuntamente, consensuen posturas y lleguen a acuerdos, en razón a un mayor y mejor servicio a los ciudadanos, a la eficiencia de los servicios públicos, al desarrollo de la economía de nuestra comunidad, al crecimiento y fortaleza de la Comunidad gallega.

Por Dolores Sánchez Monclova

08 marzo 2010

Se recuerda a todas aquellas mujeres que ya no están

Cada 8 de marzo se conmemora, en el mundo, el día Internacional de la mujer, una fecha en la que se recuerda especialmente la luchas y reivindicaciones de tantas y tantas mujeres, por la igualdad de derechos que desde el siglo XIX venían demandando.

Son varias las circunstancias y no sólo una, aunque muy importante, como fue la lucha por el derecho al voto de la mujer (ya en el siglo XX), lo que conllevó a que participase, tímidamente, en ocupar cargos públicos.

Pero no se pueden obviar las manifestaciones desde finales del siglo XIX, principios del XX, de las mujeres que lucharon, desde sus puestos de trabajo, precarios, de jornadas interminables, en ambientes y condiciones de trabajo inhumanos. Que sufrieron presión y represión tanto por su comunidad próxima como por el colectivo de los responsables de los centros en los que trabajaban.

En la mayoría de los casos, fue su fuerza de voluntad y motivación la impulsora de sus luchas, así como sus principios de auto-reconocimiento como copartícipe de su contribución y sostenimiento de la familia, que en muchos casos, era el único.

La toma de conciencia de su condición de mujer-trabajadora, parte importante del núcleo familiar y social, trajo como consecuencia paulatinamente el carácter y la toma de conciencia de derechos sociales, laborales, cívicos y económicos, así como una mayor autonomía de acción y de opinión, y la independencia de movimientos de muchos colectivos feministas y de otros movimientos y asociaciones de mujeres, básicamente, reivindicadores de causas y de los derechos femeninos de todas las nacionalidades y pueblos.

Muchas mujeres trabajadoras llegaron al límite, incluso, de dar su vida, en su lucha, para que se diesen los cambios y las actitudes en la sociedad en la que vivían, y los cambios legales llegaron poco a poco, no siempre a la par de los cambios de pensamiento. Es un cambio lento, consecuencia de esa lentitud en ir cambiando actitudes sociales, modos y costumbres.

El 8 de marzo es un día para felicitarnos todos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, por los logros conseguidos. Como trabajadores y trabajadoras, como esposos y esposas, como compañeros y compañeras, como padres, como madres, como hijos y como hijas. Como miembros de comunidades y pueblos, donde, tanto hombres como mujeres construyen su hábitat.

Y debemos conmemorar esta fecha porque, se recuerda a todas aquellas mujeres que ya no están pero, que han dejado su huella en nuestra sociedad y porque nos recuerda, que todavía hoy, en muchas ciudades, en muchos países, aún hoy, la mujer vive en condiciones infrahumanas con respecto al hombre, donde sólo tiene deberes con su comunidad, donde sus derechos como ser humano son pisoteados todos los días, donde se vulneran sus derechos sociales. Donde trabaja, cuida de la casa, de sus hijos, sin derechos, sin reconocimientos y sin premios.

Son esas mujeres y niñas de hoy, por las que hay que seguir luchando cada día, en tanto se siguen dando tratos injustos y vejatorios contra ellas.

Como celebración, el sentido que tiene el 8 de marzo de cada año, ha de ser una constante en nuestro quehacer de todos los días.

Para que todos los días, de todos los hombres y mujeres de bien, sean 8 de marzo.

Por Dolores Sánchez Monclova